sábado, enero 24, 2009

La ventana
La ventana había estado abierta todo el día. Hacía frío por supuesto, y las cortinas no paraban nunca de bailar al ritmo del viento gélido que se adentraba a través del portal iluminado por el brillo iridiscente de la rotonda lunar. Había un completo silencio, como aquel que visita al errante que vaga solo por un camino oscuro, así sus pensamientos griten, él permanece callado; silencio tan intenso como el que habita los cuartos vacíos.

Una luz roja parpadeante competía en candor con la de la luna; la luz del aviso viejo de neón al cual ya su inservible segunda letra dejaba al viandante leer la palabra "FRMACIA". Ese mismo destello intermitente torturaba los párpados cansados y soñolientos de Ámbar; silencio que martillaba sus oídos, ventana que apuntaba exactamente al sitio que rememoraba su miseria y la traía a dormir consigo.

El silencio era roto cuando Matilda entraba en la habitación de Ámbar.

-Señora, sus medicinas-

Ámbar la miraba despreciándola más que nunca. Odiaba a la india desde sus entrañas enrevesadas con asquerosa obstinación. Era como si no le perdonara su ser, su existencia ni mucho menos sus trenzas tejidas con cintas de colores, ni sus rasgos de aztecas, ni el suetercito de lana... ni sus curvas de nativa salvaje.

Un vaso de agua medio lleno era depositado por la india sobre la mesita junto a dos pastillas blancas, noche a noche; mientras tanto Ámbar en su silencio, dejaba rodar unas lágrimas por sus mejillas. Luchaba internamente con la desesperación de tener que verla acercarse con su rostro tostado hasta la orilla de su cama, con la batola blanca cubriendo las pantuflas de plástico que arrastraba cuando caminaba.

! Que asco... – pensaba Ámbar - ni siquiera sabe caminar con unas malditas chancletas!

De este pensamiento repetitivo, latente e indigestante renacía un recuerdo otrora plácido, el único alivio a su rencor interno: el día de su boda.

En Oporto brillaba el sol para la radiante novia; las flores ya no cabían en la iglesia de tantas, la gente la veía pasar con su vestido impecable de encajes importados; las mesas relucían adornadas con sus cubiertos de plata y los manjares más exquisitos de todo Portugal estaban en el banquete.

Al final del pasillo nupcial un hombre alto y refinado esperaba por Ámbar: Adriano, un empresario acaudalado de las altas esferas de Oporto, se casaría con ella. Entre luces de alegría que la retrotraía al pasado escuchó de nuevo una frase que le pareció amenazante:

-Señora pásese las pastillas que es tarde, está haciendo frío y tiene que dormir... no me obligue a tener que hacerla tragar por la fuerza-

En ese momento su cuerpo inmóvil hervía de impotencia. En ocasiones su rabia era tal que dejaba de respirar voluntariamente casi hasta desmayarse cuando Matilda estaba cerca, sólo para complicarla y verla llorar desesperada sin saber que hacer hasta que llegara el médico.

La india no entendía la necedad deliberada de su señora; si las medicinas la harían mejorar ¿porque ella no accedía dócilmente a ingerir su dosis? ¿Era acaso tan difícil tragar un par de pastillas y dormir de una vez por todas? después de todo ella también debía dormir... esa casa era gigantesca y no se daba abasto para atender todas las labores del hogar ella sola y encima atender a la necia de la dueña cuadrapléjica por las noches también.

Al fin cuando el sopor de la noche y el efecto de las píldoras vencían inevitablemente a la insomne Ámbar, retornaba a su sueño una y otra vez el monstruo abominable del recuerdo aquel: su amado esposo, el incorruptible señor de Oporto, manoseaba morbosamente su deseo mientras observaba de lejos y a través de la ventana de su habitación las curvas pronunciadas de Matilda, quien inmersa en sus inocentes 17 años se bañaba en el patio de servicio de la casona mientras pensaba que nadie la miraba.

Ámbar, mujer histérica, celosa e insegura de su belleza de fémina al ver a su esposo fantasear fervorosamente con las carnes firmes y juveniles de aquella india tan simple y salvaje como repulsiva antes sus ojos europeos, se abalanzó contra Adriano en busca de defender su honor, sin contar con que la ventana estaba abierta. Acto seguido un par de cuerpos yacían inmóviles sumergidos en un cuadro dantesco y doloroso dos pisos abajo fuera de la habitación. A consecuencia de tal dislate producto de los celos y el temor a la deshonra, Ámbar cambió de estado seglar inesperadamente: de casada a viuda, y peor aún, de ser medianamente feliz a postrarse en su lecho nupcial paralizada totalmente de cuerpo, condenada a vivir deseando la muerte; compartiendo su miseria con el recuerdo del cuerpo cálido de Adriano junto al suyo.

Matilda nunca se enteró de este suceso. Atendió a sus amos cuando ocurrió el accidente, se encargó de todos los asuntos funerarios de su patrón y desde ese instante y amparado bajo la ignorancia de su culpabilidad indirecta, cuida a su aciaga señora esperando que su amargura y sufrimiento terrenales puedan ser canjeados en el cielo por paz y sosiego.
Leyla Gabriela Torres Salvatierra

viernes, junio 06, 2008

Insomnes
Siempre de noche las luces languidecen, el brillo se esconde detrás de la niebla y aparece el resplandor , el que ilumina la calle e incandila a los transeúntes noctámbulos que viajan por la acera buscando sus sueños rotos, sus anhelos, sus fantasías, uno dentro de los faroles helados, otros dentro de las botellas de vino, en mesas que se tambalean y en alguna que otra ventana roja.


Algunas horas se las lleva el viento como diminutos fragmentos de canción emanadas del tic-tac del reloj, y los sueños siguen vagando sin querer regresar, sin decidirse a cantar, sin ser niños buenos. Se meten en la cabeza de los ebrios, de los poetas, de los cantantes, de los suicidas, de las niñas que quieren vivir las novelas de Corin Tellado, de los jóvenes que se desviven por tener algo que los represente. Se escabullen risueños en los pensamientos de los millonarios, de los políticos, de los codiciosos, de los ladrones, de las abuelitas y sus gatos, de los bebés que placidamente los acogen hermosos y dorados luego de haber comido o tomado un baño.


Es así, como los sueños huyen despavoridos de las infusiones de té de valeriana y mazanilla, se espantan con la programación televisiva nocturna, corren si presienten que hay otro pensamiento o recuerdo del lo que hacemos los insomnes en el dia. Repasan graciosamente las conversaciones y caras que fueron escuchadas y vistas enla jornada, y se rien como niños traviesos saltando lejos de nuestras cabezas y haciendo que una vez más tengamos que levantarnos con las pijamas de cuadros y las babuchas de lana a arrastrarnos por las calles y casas, desandando y esperando por ellos, permanecer atontados frente a esos faroles y esa neblina, a tomar esas pociones magicas y esas pastillas arenosas, a buscarlos desesperadamente por todos lados, para que finalmente cuando los encontramos y los hacemos sentirse tristes y regañados porque querían seguir jugando en otro sitio fuera de tu cabeza, es cuando está saliendo el sol.

sábado, abril 26, 2008

Bouchée

En una reacción alérgica ante la presencia de vacío y monotonía, la epíglotis de la vida se cerró en el preciso instante en el que atravezaba por ese camino, y ahora estoy cual roca cansada de ser arrastrada por el río, pasiva, inconciente, golpeada, desastroza.
La fragilidad de los momentos es un verdadero salto de agua, es peligrosa pero tan deslumbrante, tan marvillosa y perfecta que a veces se supone que no va a desaparecer, hasta que los momentos y esa fragilidad se cansan de ser especiales y pasan a ser un cajero de farmacia de pueblo, donde las medicinas nunca llegan, donde no pasa nada, donde nada se mueve, donde nadie entra.
Ya no hay nada interesante. Nada que me mueva a abrir los ojos ante un horizonte nuevo y resplandeciente, nada que me deslumbre. No hay oro ni brillo, ya las canciones suenan todas igual, los diarios siempre dicen lo mismo, el amor es igual, la cama es igual, la comida es igual, respirar o no hacerlo es una suma y resta que no tiene solución.
Cuando el insomnio llega y se sienta junto a mi a contarme todas sus historias a las tres de la madrugada, a repasar día tras días, movimiento tras movimiento, las escenas del día una después de otra, una y otra vez , es cuando me doy cuenta de que simplemente estoy "stocked".

¿Hacia donde habrá huido el relleno de mi vida? Posiblemente se quedó atrapado en algún bolsillo de esa chaqueta verde de terciopelo que me gustaba tanto usar cuando niña, o en el par de zapatos negros de charol que desgaste en tantos juegos ,o posiblemente está enterrado en el cementerio de letras que guardo en el baúl de mi cuarto..

Todo era tan diferente antes... era tan nuevo, era como una manzana roja y brillante, el pasado era inspirador, todo estaba hecho de corazones y suspiros, de besos apasionados bajo la lluvia, de caramelos escondidos bajo la cama, de ropa limpia, de perfume dulce y de sonrisas verdaderas.

Que difícil es saber que dormir es mejor que vivir tres metros fuera de tu habitación. Que duro despertar del estado de coma y ver que todavía después del accidente, las cicatrices están intactas, que doloroso quedarte solo, y saber que esa es tu naturaleza y que así pasarás el resto de tu vida, con la única compañía de tu sombra cruel sonriéndote desde la pared, esperando la hora de dormir para llamar al noctámbulo para que se siente junto a ti en la cama y te desvele con sus historias repetitivas.

Esta noche , estoy atascada entre el pasado, entre las cosas que fueron a medias, entre los sueños del presente, y entre las ansias y el hambre desesperados del futuro.

martes, marzo 11, 2008

Otra vez despierta... sin una gota de sueño. Disfrutando de la grata compañia de un cabernet que me tiñe los sentidos y el jazz de Ella Fitzgerald... los destellos de luz tocan mi ventana , se arrastran pidiendo clemencia para que los deje entrar a esta fiesta privada , quieren ver como bailo con ellos y con la sombra que nació conmigo y que timidamente se asoma y me imita dibujada en la pared.

Por que razón me faltas tu?... salvaje, felino, hambriento, intenso... Como quiero derretirme en tu boca. Como quiero sentir tu ser sediento beberme, lamerme. Como quiero mojar tu voz en ese cabernet, teñirte los sentidos de este carmín y desvanecerme en tus manos como hielo mientras me calientas. que bailes con mi sombra, que respires fuerte en mi oido, que trames algo para alimentarte de mi de nuevo. Tengo ganas de tu escencia, de robarte el aliento, de acorralarte y buscar con mis manos lo que haya que encontrar. Te deseo, hoy te deseo y que pecaminosa la forma en que deseo tenerte cerca de mi.

Una noche más en la que el sueño no vino..y me tendió una trampa.. mandó a un substituto. El pecado.

sábado, marzo 08, 2008

Piano

En blanco y negro te dibujo, pienso en ti como el deseo que cada mañana viene a mi. No te soporto. No me soporto.


Ese sonido maqueiavélico que se entrelaza con las neuronas de algún tranquilo transeúnte que pasa bajo la ventana por la que tus notas vuelan a través y se estrellan bruscamente en mis odios. Eres el único escape y no te conozco. Tu sonido no tiene historia , es mudo pero profundamente ruidoso al temperamento humano. Tiene que ser una broma.. esto no puede estar pasando. Que cruel.


Increiblemente cesó. Te dejé a un lado....No pienso, ni escucho, ni martillan tus teclas en mis oidos, ni se estrellan tus notas en mis odios. Pero siento las cuerdas afinadas que me rebanan el cuello. y te veo... en blanco y negro. Do, Mi Fa.. otra vez...no lo soporto.


Re Mi Sol.. Ya no estoy. Ya no estás. El adiós.


Mejor escribo...

sábado, enero 26, 2008

Caso: Silencio…

-…Si las gotas de lluvia se pudiesen contar... Bueno, en realidad se pueden contar, por medio de procedimientos matemáticos y ecuaciones de cálculo que en este instante resultan difíciles para mí. Lo cierto es que en ese momento ni siquiera noté que estaba lloviendo, lo único que cabía en mi presente era ese par de ojos enormes mirándome, recitando algún poema en un idioma que no conocía. Tal vez ese idioma era la clave de todo aquello que estaba sucediendo, y no lo entendí. Tal vez ese poema era demasiado profundo y no supe interpretarlo.


Es increíble ver a la muerte alargándote la mano para darte un apretón y saber que no es a ti a quien quiere. Sentir sus huesudas manos arrancándote una vida de las tuyas, ser el único hilo dorado que puede mantener el alma junto al cuerpo y regalar una bocanada de esperanza, y sin embargo no lograr hacerlo.

Hubiese querido poder contar las gotas de lluvia en ese instante para separarme de toda responsabilidad, no prestarle atención a ese momento, ser indiferente como la mayoría, de sangre fría, como los que no saben, como los que viven para sí mismos.


Pero allí estaba yo, sosteniendo un peso de 50 o 60 kilogramos entre mis brazos, escuchando vagamente los murmullos de la selva, y viendo esos ojos café que me gritaban algún poema.
No supe cuando paró de llover. Estuve a su lado toda la noche mientras el aullido amazónico del amanecer alborotó a las aves que estaban silentes en los árboles altísimos.

Mi presencia nunca fue necesaria, pero no pude separarme de mi carga, que aunque pequeña, pesaba, dolía y me miraba sin mirarme. La tarde anterior había sido tan tranquila, solo la cascada cantaba, y yo reposaba mientras esperaba atentamente a la presa ideal escondido tras un matorral.


¡Hubiese querido que gritara! , que esas piernas endebles se hubiesen convertido en veloces zancas, que sus reflejos hubiesen sido asombrosos, o mejor, que nunca hubiese estado allí, pero no. Entre la neblina y los matorrales apareció la presa perfecta, oculta tras la hoja grandísima de una planta que jamás había visto.


Se movía sigilosamente, procuraba no hacer ruido para espiarme tranquilamente, pero yo sabía que estaba allí, que esperaba ser cazada, esperaba por mi bala. Hasta que el disparo retumbó luego de que una gota de sudor nerviosa resbaló por mi frente. Maldita confusión…


Al acercarme a buscar mi trofeo, me tope con esa mujer, la dueña de esos ojos cafés abiertos solo para mí, con su cara inexpresiva decorada con colores vivos, esos rasgos aborígenes , y un río escarlata que brotaba de si, una mano diminuta que obstruía el agujero de entrada de la bala y ese maldito poema que no entendía.


El silencio nos cosió la boca, al menos a mí, porque a ella ya se la había cosido hacia mucho tiempo. Un fantasma le robó la voz al nacer, pero le dejó esos ojos café que hablan en un idioma que no pude entender. Ni un lamento, ni un gemido de dolor, nada. Podría jurar que no sentía nada, si no fuese por esa mirada.

La tomé entre mis brazos y su cuerpo desnudo y pequeño temblaba, pero no entendía el por qué no emitía ni el menor sonido, al igual que yo.


Estábamos perplejos, deslumbrados y nerviosos, desconocidos el uno para el otro, ambos furiosos conmigo. Luego corrí con ella entre mis brazos por la selva sin saber a donde ir y sus ojos fijos me observaban como queriendo recordar la tarde más desgraciada de su vida, la más apacible y silenciosa también.


Jamás había visto esa mirada en alguien, ni esa sencillez, ni esa belleza que yo había liquidado. Y me sentí miserable, y no pude ni por un instante apartarme de ella ni de su traje escarlata, ni deshacerme de mis nervios, ni de mi trágica furia contra mi mismo.


De rodillas caí al pie de un árbol luego de largo rato, debajo de la lluvia que no había notado, preso en ese silencio, enamorado de esos ojos sin vida y de esa boca que no decía nada, estupefacto hasta que el sonido del amanecer me sorprendió.


Eché a correr. Dejé atrás la selva y a la india con sus enormes ojos café. Ahora no sé donde estoy, y aún intento descifrar ese idioma visual, el mensaje de esos ojos que no me dejarán dormir jamás. Desde entonces no hay nada más que decir, no hay nada más en mi mente… No quiero regresar a la selva eso es todo.. Ahora que lo sabe… quiero volver a mi habitación.-


Y con un susurro tranquilizador el doctor Santander se dirigió a su paciente, -Tranquilo Rodríguez, todo va a estar bien... continuaremos luego, no te regresarán a la selva... Es una promesa.- ¡Guardia! , lleve al teniente nuevamente a su habitación.-

:L:G:T:S: 24ENE08

sábado, enero 19, 2008


Número 100... Cien años después.


Hace cien años me siento en esta butaca a ver pasar el tiempo, a incomodarme con las actitudes, a decir lo que pienso. Y la tarde me acarició y fui amante de la luna, y mis manos recorrieron cada minuto de pesar , placer y concilio que alguien dejó tirado por alli en algún lugar... Yo vi tu boca durante cien años resplandecer cuando dijiste verdades, y te aborrecí cuando mentiste descaradamente aquí frente a mi vieja verdad.


Cien años han pasado mientras mis ojos cerré y decidí verte solo con mis manos, que tus sentidos y los mios hablaran, se conectaran y transmitieran lo que es verdad, lo que fuimos y seremos pero jamás lo que intentamos ser y no pudimos.


Hoy , hace cien años leí tus cartas y me parecieron tan especiales como las de aquel viejo amigo al que ya no veo. EL que hizo daño a mi corazón por haberle mostrado como lucía el amor, por haberle eneñado a tocar la amistad con las manos, por haberle enseñado que un beso iba más allá de un te quiero.


Hoy se cumplen cien años desde que sabes todos mis secretos, desde los placeres más lejanos hasta las sensaciones de repudio hacia lo material y lo mundano que me enseñaste a disgregar en una burbuja de tolerancia.


Hoy es dia en que estás allí , dispuesto a escucharme , a leerme, a percibir cada una de mis fantasías más íntimas (y utilizo 3 palabras con acento seguidas), por saborear conmigo las hieles y mieles de mi vivír, por tener los mismos orgasmos que una vez tuve tocando estas letras, vagando por estas palabras sin razón ni sentido , sin una ecuación que lo hiciera exacto. Haz aguantado mis odios , mis dolores , mis alegrías y aún así, continúas allí, esperando leer algo que aparezca sin ningún motivo para compartirlo conmigo.... hasta cien años despuésde todo esto...